A medida que la práctica es constante y va evolucionando, se aprende a escuchar el cuerpo y las fuerzas que actúan sobre él. Así, se accede a coordinar y sentir, por ejemplo, una postura como un todo que integra cuerpo, mente y espíritu. Esta integración gradual deriva más tarde en meditación.

Integración es meditación. La percepción consciente lleva al autoconocimiento. El autoconocimiento lleva al despertar y a niveles superiores de conciencia. ¿Es difícil de entender y vivenciar?

El punto central de la esencia del yoga es uno mismo. El Hatha Yoga nos proporciona herramientas de acceso al cuerpo, a la energía, a las emociones, a la mente, al alma y a la conciencia. Según el yoga, ser capaces de reintegrar la conciencia, el espíritu, el alma, la mente y el cuerpo nos hace libres y nos devuelve al centro que perdimos en algún momento. Tal camino nos expande y abre las puertas de la calma donde todo fluye en la mente como el agua cristalina; donde la conciencia se aquieta y el alma impregna todo el cuerpo.

Aunque parezca una meta inalcanzable, el yoga, en su núcleo central, propone lo simple y ofrece lo inmediato. El ser humano cuenta con herramientas adaptadas a sus circunstancias y accesibles aquí y ahora. En la práctica del día a día, hay 5 acciones fundamentales que se combinan y que el yogui de hoy tiene presentes en su camino de realización:

1. Respiración adecuada.  Respirar=vivir. Existen numerosas formas de respirar. En cada técnica, en cada momento, en cada ejercicio hay un modo de respirar adecuado. Lo principal: reincorporar, comprender y practicar la Respiración Natural.

2. Relajación adecuada.  Libera las tensiones del cuerpo y de la mente y ahorra y conserva la energía vital. Se aprende a “no hacer”. Lo principal: entrenar los procesos de calma en el cuerpo-mente para obtener una vida saludable y una Mente Equilibrada.

3. Ejercicio adecuado. Actúa sobre todas las partes del cuerpo, internas y externas. Mediante âsana y vinyâsa, se pasa de una experiencia física a otra más consciente e interna. Más allá, el ejercicio del cuerpo se convierte en una perfecta vía de acceso y unión con todo el ser: una verdadera meditación. Lo principal: recuperar las bases del progreso y bienestar físico y mental.

4. Alimentación adecuada. “Somos lo que comemos”. Dar importancia a una alimentación sana, no solo para el cuerpo sino también para la mente, previene enfermedades y dispone con positividad y ligereza a la celebración de la vida en todos los hábitos. Lo principal: generar suficiente sensibilidad discriminativa en relación a lo que se consume.

5. Pensamiento adecuado. Silenciar la mente, interiorizar, y sobre todo… escuchar. Este ejercicio, combinado con los anteriores, facilita la conexión con los demás, la comprensión de cada circunstancia, la propia identificación con el mundo y el desarrollo de la conciencia. Lo principal: encontrar el camino de vuelta hacia uno mismo para poder contemplar la vida como una gran oportunidad de expansión y crecimiento.